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La «Internet de los árboles»: cómo los bosques se comunican usando una red biológica secreta

Todos nosotros, de una forma tremendamente instintiva, inocente y abrumadoramente ignorante a simple vista humana, paseamos alegres por inmensos y colosales bosques silenciosos repletos de vida verde y altos árboles centenarios de gruesa madera.

Cuando miramos con asombro a nuestro tranquilo alrededor, asumimos equivocadamente, y de forma egoísta e ingenua, que todos y cada uno de los enormes pinos, robles y encinas silenciosas compiten brutal y cruelmente entre ellos por la lejana luz solar, por las frágiles gotas de lluvia en sequía y por el agua subterránea, en una eterna, asfixiante y salvaje guerra natural darwinista para la supervivencia propia, mostrándose hostiles y silentes frente al vecino verde y estático.

Sin embargo, la asombrosa ciencia botánica subterránea reciente y la ecología moderna invisible, tal y como pasa con las extrañas e intrincadas conexiones ocultas que rigen el cerebro humano en sus momentos de descanso, han desenterrado literalmente y sin tapujos la que quizás sea una de las más grandes, bellas y geniales sorpresas de nuestro ecosistema.

Debajo exactamente de nuestras pesadas botas, muy alejadas del humano y bajo la oscura y fría tierra húmeda de mantillo, existe escondida una infinita, alucinante y complejísima red simbiótica orgánica que es infinitamente más sutil, solidaria y rápida que cualquier frío, artificial y caro tendido de fibra óptica de la ciudad. Saber exactamente cómo se comunican los árboles te cambiará para siempre tu ingenua forma de relacionarte, caminar y entender el mágico, denso y profundo verde del bosque.

En este artículo vas a encontrar:

  • El asombroso, bello y vital descubrimiento rompedor de la mundial «Wood Wide Web» secreta.
  • El fascinante milagro cooperativo subterráneo de las diminutas hifas micológicas microscópicas en pura simbiosis.
  • La asombrosa forma en la que los viejos árboles transmiten señales bioquímicas urgentes de alerta ante depredadores.
  • El papel fundamental, amoroso y social clave de las milenarias «Árboles Madre» con sus pequeños retoños dependientes.

La Wood Wide Web y el milagro del micelio profundo

Bosque frondoso y oscuro ilustrando la red donde se descubre Cómo se comunican los árboles

Para lograr entender racional e intelectualmente a la perfección, sin engaños, esta colosal hazaña comunicativa y viva del entorno del pinar o enorme bosque, la gran y reputada científica y bióloga internacional Suzanne Simard bautizó en la década de los noventa a este increíble hallazgo en la tierra con un nombre genial y muy divertido: la Wood Wide Web.

Es una brillante y maravillosa metáfora descriptiva del gran internet secreto de la madera. La enorme infraestructura biológica de esta asombrosamente viva y gigantesca red silenciosa no son cables fríos ni artificiales, sino miles de kilómetros de minúsculos, finísimos y frágiles hilos blancos orgánicos de complejo y extenso micelio fúngico subterráneo y vivo.

Esta densísima telaraña micológica se fusiona física, íntima y dulcemente, en perfecta y asombrosa armonía natural y biológica, con las millones de terminaciones frágiles y profundas de las raíces de la mayoría absoluta de los grandes y frondosos árboles y arbustos del ancho mundo.

El pacto de simbiosis secreta y evolutiva es puramente recíproco y bello: el gigantesco, alto y verde pino en la superficie provee, regala y dona bondadosamente los necesarios y ricos hidratos de carbono obtenidos por pura fotosíntesis vital, mientras que en estricto y humilde agradecimiento a cambio, el frágil y largo hongo le proporciona generosamente los valiosos y difíciles fosfatos o agua de gran profundidad, que son inalcanzables en la dura roca o la tierra reseca.

Los sorprendentes mensajes de alerta rápida contra invasores

Sin embargo, el asombroso misterio y la maravilla de descubrir cómo se comunican los árboles a través de este profundo milagro orgánico no se limita simplemente y de manera aburrida a intercambiar y pasar silenciosamente comida, azúcar y deliciosa energía en la sombra.

Lo más verdaderamente revolucionario, fantástico y sorprendente de estas investigaciones biológicas recientes, publicadas y alabadas constantemente por grandes medios rigurosos como National Geographic es, sin lugar a dudas, que esta asombrosa e inmensa telaraña de hongos o micelio actúa, a grandes efectos de física y biología, exactamente como un intrincado, gigantesco, avanzadísimo y veloz sistema nervioso o red neuronal de alerta social solidaria.

Si un majestuoso, fuerte y enorme árbol del borde externo es repentinamente herido de gravedad y atacado con voracidad por una terrible plaga agresiva de insaciables insectos mordedores o destructivas orugas invasoras, el paciente devorado envía, escupe e inyecta urgentemente por sus raíces profundas y veloces un potente torrente de complejas señales bioquímicas de auxilio y de angustia que viajan frenética y fugazmente por los hilos fúngicos hacia los árboles sanos y vecinos en la distancia.

Estos otros gigantes del bosque procesan esa veloz advertencia en minutos, y para poder defenderse a tiempo y sin pausa, comienzan instintivamente a sintetizar y lanzar a su superficie densas toxinas químicas y un espeso veneno natural repelente en todas sus hojas altas, mucho antes de que la nube del enjambre voraz del peligro asome y roce la lejana corteza de la red protegida.

Las Árboles Madre: el cuidadoso e inmenso eje de la vida

Majestuoso y anciano árbol bañado en luz, símbolo del 'Árbol Madre' en la red

Dentro de esta intrincada, bellísima y fascinantemente compleja utopía forestal solidaria y cooperativa, existen ciertas entidades ancianas, gigantes y venerables con un peso, majestuosidad e importancia capital enorme. Son los conocidos y poéticos «Árboles Madre», los ejemplares y troncos más inmensamente ancianos del oscuro, espeso y frondoso monte, que con su desproporcionada envergadura de colosales ramas altas abarcan y sombrean el cielo, y con fuertes raíces actúan literalmente como poderosos routers, ejes y densos centros vitales de interconexión de nutrientes del micelio, uniendo biológicamente bajo su manto y sombra a docenas de ejemplares jóvenes en una gran red interconectada viva y sin igual.

Cuando un minúsculo, pálido y frágil brote o pequeño retoño verde asoma su diminuta cabeza e intenta nacer valientemente bajo el aplastante manto de espesa sombra oscura de las gigantes copas altas, la inmensa y compasiva Árbol Madre vecina detecta rápidamente con el micelio su angustia y evidente falta biológica de sol, su carencia de fotosíntesis, energía luminosa y agua fresca.

Inmediatamente, para nutrirlo y auxiliarlo, le dona y redirige activamente grandes, salvadoras y voluminosas dosis de rica savia extra y azúcar vital de su propia copa alta directamente por los ocultos tubos fúngicos subterráneos, alimentando al pequeño y débil brote enfermo para mantenerlo mimado, vivo y sano hasta que pueda crecer a lo alto y alcanzar su codiciado sol.

El colapso inminente de la falsa y fría teoría del egoísmo vegetal

Toda esta bellísima y asombrosa revelación viva sobre la pura red comunitaria y solidaria oculta rompe en seco, fulminantemente y en mil pedazos todos los crueles, arcaicos y viejos moldes sobre la hostilidad, el feroz egoísmo y la fría ley darwinista y ciega del bosque. La implacable supervivencia del más apto que creíamos gobernar en el silencio del pinar se desvanece por completo ante esta apabullante y contrastada evidencia científica del siglo XXI que nos muestra la verdadera faz secreta y maravillosa de la propia naturaleza terrestre.

Descubrir verdaderamente este alucinante mundo oculto, lleno de ayuda mutua, de una profunda armonía simbiótica natural y de un cuidado y soporte social en red en su propia paz subterránea, nos demuestra que la gran y primigenia internet verde y natural que todo lo sabe lleva funcionando de manera impecable y perfecta, milenios y eones enteros antes de que el hombre soñara siquiera con fabricar su primer y ruidoso cable artificial de cobre, existiendo, latiendo y cooperando pacíficamente justo bajo nuestro triste, ruidoso e indiferente paso humano de cada día sobre la tierra fértil de los parajes naturales que nos rodean.

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