odias escuchar tu propia voz

El motivo científico por el que odias escuchar tu propia voz en una grabación de audio

Absolutamente todos nosotros hemos experimentado en carne viva, y sin ningún tipo de dudas ni excepciones sociales, ese fugaz, incontrolable y amargo momento de profunda, intensa e irracional grima acústica existencial. Ocurre invariablemente y de forma instintiva cuando, de manera inocente o accidental, le damos al botón de reproducir y escuchamos atentamente un rápido mensaje de audio de WhatsApp que acabamos de enviar a un buen amigo, o cuando nos topamos con un antiguo y nostálgico vídeo casero en el que somos los ruidosos protagonistas que hablan frente a la cámara.

En ese brevísimo, traicionero y doloroso instante sonoro, una extraña, aguda y aflautada voz de un perfecto, total y absoluto desconocido irrumpe por el altavoz, y la cruda y espeluznante realidad acústica te golpea el cerebro de forma violenta y fulminante: esa horrible e irreconocible voz que estás escuchando es exactamente la tuya real.

Este choque casi traumático entre tus expectativas internas mentales y la realidad externa no es en absoluto una simple rareza psicológica personal tuya. Comprender la pura ciencia acústica de Por qué odiamos nuestra voz es asomarse a la maravillosa, extraña e intrincada forma en la que nuestro propio y anticuado cerebro procesa e inventa recuerdos sensoriales basándose en pura física de densidades óseas craneales.

En este artículo vas a encontrar:

  • El intrincado y asombroso viaje dual y paralelo de las vibraciones sonoras hacia tus oídos.
  • La tremenda e importantísima diferencia acústica entre la conducción aérea y la conducción ósea profunda.
  • Cómo el inmenso líquido interno y el pesado cráneo modifican y falsean las frecuencias graves.
  • El predecible choque psicológico del cerebro al descubrir y asimilar su verdadera firma sonora exterior.

La asombrosa vía dual y paralela del sonido hacia tus tímpanos

Persona grabando un mensaje de voz en el móvil ilustrando Por qué odiamos nuestra voz

Para lograr entender verdaderamente, a fondo y sin magias, el inmenso, divertido y a la vez trágico origen anatómico de este universal rechazo acústico, primero debemos diseccionar y analizar exhaustivamente de qué manera física escuchamos a las personas y al entorno en general en nuestro día a día rutinario.

Cuando un amigo tuyo te habla directamente y de frente a la cara, sus fuertes cuerdas vocales vibran y empujan bruscamente las pesadas moléculas de aire, generando unas invisibles y expansivas ondas de presión acústica que viajan raudas por el ligero aire de la habitación hasta chocar y penetrar violentamente en tu canal auditivo externo.

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Este sistema biológico y básico de captación de sonido se conoce en la literatura médica y la física acústica general como la famosa conducción aérea. Toda la inmensa, total y abrumadora mayoría de los ruidos, sonidos del tráfico, música estridente y voces ajenas y externas del inmenso y caótico mundo exterior llegan única y exclusivamente a tus sensibles tímpanos utilizando esta rápida y transparente autopista aérea invisible. Y, fundamentalmente, esta es la misma, idéntica y única vía limpia y pura por la que todo el mundo a tu alrededor escucha verdaderamente tu propia voz cuando abres la boca para hablarles.

El engaño biológico y vibratorio de la conducción ósea profunda

Sin embargo, cuando el que genera el sonido y habla fuertemente eres tú mismo desde tus propios pulmones, la ecuación de la física acústica cambia de forma súbita, drástica y enormemente radical. En ese preciso, exacto y ruidoso instante, tus cuerdas vocales alojadas en el interior del cuello vibran con muchísima y gran intensidad física.

Una inmensa y gran parte importante de ese sonido sí que sale hacia el exterior transparente por tu boca y viaja lógicamente por el aire externo hacia tus propios oídos (y los de la gente), pero otra porción colosal, inmensa, muy intensa y pesada de esa potente energía acústica y vibratoria se propaga inevitable y poderosamente hacia el mismísimo interior de tu cuerpo cavernoso.

Esta enorme energía se transmite directamente a través del grueso, húmedo y cartilaginoso cuello interno, propagándose veloz e incesantemente por todo el inmenso e intrincado laberinto óseo del duro hueso de la mandíbula inferior, hasta golpear, hacer vibrar y alcanzar directamente la sensible cóclea de tu frágil oído interno en el cerebro.

Este viaje interno y oculto, puramente material, denso y somático a través de los pesados tejidos de tu propio esqueleto se denomina científicamente conducción ósea o tisular. Cuando tú hablas en el silencio, no escuchas una sola voz pura, sino que escuchas una riquísima, compleja e inseparable mezcla de esas dos fuentes distintas simultáneamente: el aire exterior transparente y tus propios y pesados huesos vibrando internamente.

Por qué tu cráneo funciona como un enorme filtro de graves

Aquí es exacta, milimétrica y dolorosamente donde entra la cruda, implacable y fascinante física de los materiales densos y orgánicos para jugarte una muy mala, pesada y constante pasada psicológica en tu cabeza. Los tejidos internos sumamente carnosos de nuestro rostro, los gruesos, densos y pesados huesos calcificados de nuestro gran cráneo humano, y los abundantes líquidos encefálicos que protegen nuestro cerebro poseen una bajísima frecuencia de resonancia natural y actúan, a todos los asombrosos efectos acústicos prácticos, como un enorme, potentísimo y fenomenal filtro pasa-bajos biológico de alta fidelidad instalado de serie en tu cuello.

Estos pesados y densos materiales orgánicos atenúan, bloquean, matan y absorben violentamente casi todas las brillantes y molestas frecuencias sonoras más agudas y estridentes de tu propio sonido interno, pero a su vez potencian maravillosamente, amplifican de forma espectacular y transmiten sin freno las frecuencias de sonido muchísimo más bajas, roncas y profundas de tus potentes cuerdas vocales hacia tu cerebro.

Por esta incontestable, física y rotunda razón acústica universal, la voz interna íntima y secreta que tú mismo escuchas en tu cabeza resonante cuando hablas en voz alta, te suena siempre, de forma engañosa e irreal, muchísimo más profunda, autoritaria, aterciopelada, seductora, melodiosa y rica en graves y matices de lo que verdaderamente es en el crudo mundo exterior.

El choque psicológico y el rechazo frontal a nuestra firma sonora

Cuando te armas de valor y escuchas reproduciéndose una simple y aséptica grabación digital de audio pura captada por el diminuto y objetivo micrófono de tu moderno teléfono móvil, todo ese rico y enorme engaño interno de graves, toda esa falsa e impostada profundidad aterciopelada y resonante a la que tu cerebro biológico se había acostumbrado durante décadas de tu vida, es extirpada, eliminada y arrastrada cruel y brutalmente de la ecuación matemática sin ninguna piedad ni compasión por el micrófono.

Tal y como relatan a menudo los exhaustivos y rigurosos documentales científicos y audios publicados por medios como BBC Mundo, el choque y disonancia cognitiva es gigantesco. La aséptica y cruel máquina electrónica solo captura y graba, de forma pura y dura, la transparente y simple conducción aérea externa que te rodea.

Al escuchar, desnuda e indefensa en el aire de la sala, esa fría grabación exterior de tu persona, tu desconcertado e irritado cerebro detecta instantáneamente que a esa aguda y molesta voz ajena que entra por el altavoz «le faltan» todas esas preciosas, ricas y graves frecuencias resonantes óseas a las que está profundamente y orgánicamente acostumbrado y apegado.

Esa inevitable y brutal disonancia y decepción psicológica entre la cálida e irreal expectativa ósea interna acumulada, y la fría y ruda realidad aérea y cruda externa de los hercios puros, es la única, rotunda y absoluta explicación anatómica final de Por qué odiamos nuestra voz grabada a nivel universal, uniendo en este ligero y constante sufrimiento acústico diario a toda la inmensa, frágil e ingenua especie humana de la Tierra.

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