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Qué le pasa al cerebro cuando pasamos horas cambiando de app constantemente

Hay días en los que no puedes decir “he estado una hora en Instagram” ni “he estado una hora trabajando”. Lo único que puedes decir es que has estado una hora saltando. Un minuto aquí, dos allá, un mensaje, una notificación, un vídeo corto, un correo, una búsqueda. Y al final del rato tienes una sensación rarísima: cansancio mental, pero sin haber hecho nada “duro”.

A mí me empezó a pasar hace tiempo, y lo más inquietante fue darme cuenta de que era un patrón. No era falta de ganas. Era mi atención comportándose como si tuviera mil pestañas abiertas a la vez.

La ciencia tiene bastante que decir sobre esto, y la idea clave es sencilla: cambiar de tarea tiene coste. Aunque parezca instantáneo, el cerebro paga peaje cada vez que reorienta la atención.

El coste real del cambio constante: lo que el cerebro “pierde” en cada salto

Una parte importante del daño viene del llamado coste de cambio. Cuando cambias de app, no solo cambias de pantalla: cambias de objetivo, de reglas, de contexto y de estímulo. Eso obliga al cerebro a reconfigurarse. La investigación de Stanford sobre multitarea mediática encontró que los grandes multitaskers pueden rendir peor en tareas de control cognitivo y filtrado de distracciones, algo que se puede consultar en el resumen científico de cognitive control in media multitaskers.

Además, existe un fenómeno muy citado llamado “residuo atencional”, estudiado por Sophie Leroy, donde parte de tu atención se queda pegada a la tarea anterior incluso cuando ya has cambiado. Ese trabajo se recoge en la publicación académica de Leroy sobre el desafío de cambiar la atención.

Por qué acabas más cansado aunque “solo” hayas mirado el móvil

Porque la atención no es infinita. Cada cambio reduce la continuidad y aumenta la sensación de fatiga. Es parecido a conducir en ciudad con cien semáforos frente a ir por autopista: la distancia puede ser la misma, pero el desgaste mental es distinto.

En TecnoOrbita lo hemos tocado desde el lado nocturno al hablar de lo que las pantallas hacen a tu cerebro antes de dormir, porque el cerebro llega activado y cuesta más bajar revoluciones. Y también desde la privacidad y el diseño de apps cuando contamos cómo las apps gratuitas te perfilan con tus toques, ya que ese diseño se alimenta de tu comportamiento rápido, fragmentado y repetitivo.

Una imagen generada por computadora de un cerebro humano

Por qué esto importa fuera del laboratorio

Porque no es solo “productividad”. Es calidad de vida. Si tu atención vive troceada, te cuesta más leer, más conversar sin mirar el móvil, más disfrutar de una serie sin coger el teléfono, más dormir. Y se nota incluso en cosas pequeñas: olvidas por qué abriste una app, entras en la cocina y no recuerdas qué ibas a hacer, abres el móvil y acabas en otra cosa.

En la vida real, ese residuo se ve cuando estás escribiendo un mensaje, te entra una notificación, la miras y, al volver, tu cabeza tarda en recuperar el hilo. Eso no es debilidad. Es biología más un diseño de apps que compite por tu atención minuto a minuto.

Implicaciones en tecnología cotidiana: no es culpa tuya, es el entorno

Las apps están optimizadas para retener atención: notificaciones, scroll infinito, recompensas variables, vídeos cortos, sugerencias. Todo está pensado para que el cambio sea fácil y el retorno a la app sea constante. El resultado es una rutina de saltos, no de continuidad.

Por eso mucha gente cree que “se ha vuelto más tonta” o “se concentra menos”. En realidad, ha entrenado un músculo distinto: el de reaccionar, no el de sostener la atención.

Si te reconoces en esto, no necesitas convertirte en monje digital. Necesitas reducir el número de cambios. Empieza por lo básico: apaga notificaciones de lo que no sea importante, agrupa tareas (responder mensajes en un bloque), usa modos de concentración y deja el móvil fuera de la vista cuando trabajes o descanses.

Esto sirve especialmente si te cuesta leer, si te notas más irritable, si llegas a la noche con la cabeza acelerada o si saltas de app en app sin darte cuenta. Recuperar atención no es un truco rápido, pero sí un entrenamiento: menos saltos, más continuidad, y tu cerebro lo nota antes de lo que crees.

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