Lo tienes bajo la palma de tu mano durante ocho horas al día. Haces clic, haces scroll y lo desplazas por la alfombrilla miles de veces sin pensar en lo extraño que resulta su nombre. En casi todos los idiomas del mundo, este dispositivo esencial se conoce como «ratón» o «mouse». Es un nombre tan común y aceptado que parece haber existido desde el inicio de los tiempos, pero la realidad es que su inventor nunca estuvo convencido de llamarlo así.
El nacimiento del ratón no fue el resultado de una gran campaña de marketing de una multinacional, sino del genio de un visionario llamado Douglas Engelbart. En una época en la que los ordenadores eran máquinas gigantescas que solo funcionaban mediante tarjetas perforadas o comandos de texto incomprensibles, Engelbart imaginó una forma de que los humanos pudieran «tocar» la información digital de forma intuitiva.
El primer ratón de la historia era un bloque de madera con dos ruedas metálicas y un solo botón. No tenía luces LED ni sensores ópticos, pero cambió el rumbo de la humanidad para siempre.
- Quién fue Douglas Engelbart y su visión del futuro.
- La «Madre de todas las demostraciones» en 1968.
- El motivo visual exacto que le dio su nombre animal.
- Por qué el creador se arrepintió de no haberle puesto otro nombre.
La madre de todas las demostraciones técnicas
El 9 de diciembre de 1968 es una fecha sagrada para la tecnología. En un evento en San Francisco, Douglas Engelbart mostró al mundo por primera vez el procesamiento de textos, las videoconferencias y, por supuesto, el ratón. Puedes leer más sobre su increíble legado en el archivo del Stanford Research Institute (SRI), donde se gestó esta revolución.
Aquel primer prototipo no se parecía en nada a los ergonómicos dispositivos actuales. Era una caja de madera tosca, pero permitía mover un cursor por la pantalla con una precisión nunca vista. Fue el inicio de la interfaz gráfica que hoy damos por sentada en Windows o Mac. Es curioso cómo este diseño físico ha evolucionado tanto, mientras que otros elementos, como explicamos en el artículo sobre el motivo por el que los teclados no son alfabéticos, se han mantenido casi intactos durante siglos.

¿Por qué un ratón y no otra cosa?
La explicación del nombre es puramente visual y un tanto accidental. Aquel primer modelo tenía un cable que salía por la parte trasera (cerca de la muñeca del usuario), lo que recordaba inevitablemente a la cola de un roedor. Los investigadores del laboratorio empezaron a llamarlo «mouse» de forma interna y graciosa, y para cuando quisieron darse cuenta, el término se había extendido por toda la comunidad científica.
Douglas Engelbart confesó en varias entrevistas años después que nadie en su equipo recordaba quién fue la primera persona en pronunciar la palabra. De hecho, a él le parecía un nombre poco profesional para una herramienta que pretendía aumentar el intelecto humano. Intentaron buscar términos más técnicos y serios, pero «ratón» era tan corto, descriptivo y fácil de recordar que acabó ganando la batalla.
La evolución hacia la libertad inalámbrica
Hoy en día, la mayoría de los ratones ya no tienen «cola» (son inalámbricos), por lo que el nombre ha perdido su sentido visual original, pero se mantiene por pura tradición cultural. Hemos pasado de las ruedas metálicas a las bolas de goma, y de ahí a los sensores láser invisibles de alta precisión que usamos hoy.
Sin embargo, el uso intensivo de este periférico ha traído nuevos problemas de salud. Pasar ocho horas haciendo clics repetitivos puede derivar en problemas de túnel carpiano o fatiga muscular crónica. Por eso, al igual que insistimos en que debes saber cómo descansar de la tecnología para evitar el agotamiento, es vital elegir un ratón ergonómico que se adapte a tu mano. Aunque su nombre siga siendo el de un pequeño animal, es la herramienta más poderosa que tenemos para navegar por el océano infinito de información que es internet.
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