Tu cabeza no cambia de tarea en un clic: lo que dejas “abierto” cada vez que te interrumpen

Empiezas una tarea simple. Contestan un correo. Sigues. Entra un mensaje. Vuelves. Te acuerdas de otra cosa. Abres otra pestaña. Regresas. Y, cuando por fin te sientas “a hacerlo”, ya estás cansado. No has levantado sacos, pero notas la cabeza…





