Durante años, la solución para mejorar la acústica de una casa era la misma: espuma, lana mineral, paneles sintéticos y, si te venías arriba, obras. Pero está asomando una tendencia con un punto inquietante y muy interesante: paredes y paneles que absorben sonido usando materiales biológicos vivos, especialmente micelio, la red de filamentos de los hongos.
La idea no es decorativa. Es técnica. El micelio puede crecer sobre residuos orgánicos, crear estructuras porosas y, cuando se procesa, convertirse en un material con propiedades acústicas reales. Y lo más potente es el enfoque: convertir desperdicio en confort acústico, con menos impacto ambiental.
Por qué un material vivo puede absorber sonido
Para absorber sonido necesitas porosidad, tortuosidad interna y una estructura que convierta energía sonora en calor por fricción microscópica del aire. Muchos materiales acústicos funcionan así. El micelio y sus composites, por su estructura, encajan de forma natural.
Hay estudios que miden directamente el rendimiento acústico de composites de micelio y cómo cambia según sustrato y fabricación. Uno muy citado es este trabajo en PubMed Central sobre propiedades de absorción en composites de micelio: absorción de sonido en materiales de micelio.
Del laboratorio a la pared del salón
Lo interesante es que esto ya no es solo prototipo. Hay empresas que comercializan paneles acústicos basados en micelio. Mogu, por ejemplo, describe sus paneles como productos circulares hechos con micelio y residuos textiles, pensados para confort acústico en espacios con mucha reverberación. Lo explican en su página de paneles acústicos de micelio.
Esto no significa que mañana todas las casas sean de hongos. Significa que el material ha salido del “paper” y está entrando en catálogo.
La parte que marca diferencia: reverberación, no solo aislamiento
Mucha gente confunde aislamiento con tratamiento acústico. Aislar es evitar que el sonido salga o entre. Tratar acústicamente es reducir eco y mejorar claridad dentro. Los paneles de micelio suelen apuntar más a lo segundo: absorber y controlar reverberación.
Eso encaja especialmente en casas modernas con superficies duras, techos altos o salones abiertos. En esos espacios, el problema no siempre es el vecino. Es el eco y el “ruido de sala” que hace que hablar canse.
Material vivo, pero con fabricación muy seria
Otra parte clave es cómo se fabrica. Hay investigación sobre usar mezclas de micelio vivo en procesos de fabricación avanzada, incluso con extrusión robótica, para producir paneles acústicos biodegradables. MDPI publicó un trabajo centrado en fabricación aditiva y paneles para acústica arquitectónica: acústica arquitectónica con micelio vivo.
Esto importa porque el sonido no se absorbe igual si el material queda demasiado denso, demasiado frágil o mal curado. La microestructura lo es todo.
Pros y contras reales en una casa
Ventajas: sostenibilidad, estética distinta y buen control del sonido en reverberación si el panel está bien diseñado. Además, el relato de material biológico tiene tirón en decoración consciente.
Contras: disponibilidad, precio en algunos casos y la necesidad de saber qué estás comprando. No todos los paneles “bio” rinden igual. Y en obra, siempre hay que mirar normativas de fuego, humedad y mantenimiento.
Dos enlaces internos para cerrar el círculo de hogar y tecnología
Para conectar esto con el uso real en casa, te dejo dos piezas internas de TecnoOrbita. Una es la guía de trucos con la cámara del móvil para detectar problemas, porque te da ideas para diagnosticar sin gastar. Y otra es el artículo sobre tecnología en conciertos con hologramas, que es un buen recordatorio de cómo la acústica y la percepción también son parte de la experiencia, aunque no lo pienses.
La tendencia de paredes y paneles con micelio y biomateriales vivos no es postureo. Es una respuesta técnica y sostenible a un problema cotidiano: el sonido rebotando en casas cada vez más duras y abiertas. Aún está creciendo, pero ya está en el mundo real, y eso la convierte en una de esas innovaciones que, cuando cuajan, cambian hábitos sin hacer ruido.







