Qué es exactamente la reverse diet y por qué se ha puesto tan de moda
La reverse diet nació en el mundo del culturismo y del fitness. La idea es relativamente sencilla: después de una etapa de dieta muy estricta, en lugar de volver de golpe a comer “normal”, se van aumentando las calorías poco a poco durante varias semanas. En teoría, eso ayuda a recuperar energía y cierto margen para comer más sin recuperar todo el peso perdido.
En redes sociales, esa propuesta se ha transformado en algo bastante distinto: se vende como una dieta para “activar el metabolismo” y adelgazar comiendo más, casi como si fuese un truco secreto que los “nutris de verdad no te quieren contar”. Se mezclan conceptos de metabolismo, hormonas y gasto energético con testimonios espectaculares, pero la mayoría son experiencias individuales difíciles de comprobar.
Cuando miras la literatura científica, el panorama cambia. Centros de referencia como la Cleveland Clinic recuerdan que no hay pruebas sólidas de que la reverse diet por sí sola aumente el metabolismo o sea mejor que otras formas de volver a un patrón de alimentación normal tras una dieta estricta.
Qué dice la ciencia sobre reverse diet: beneficios que promete y límites reales
En los últimos años se han puesto en marcha estudios para ver si la reverse diet realmente ayuda a mantener la pérdida de peso o a evitar el típico efecto rebote. Los resultados, de momento, son bastante tibios: no parece más eficaz que otras estrategias de mantenimiento y, en algunos casos, simplemente complica algo que ya es difícil de por sí.
Hay algo importante que suelen omitir muchos vídeos virales: la reverse diet no es una dieta para empezar a adelgazar desde cero. Es, como mucho, una forma de transición después de una etapa de restricción fuerte. Y ni siquiera ahí está claro que sea la mejor opción para todo el mundo. Algunas revisiones señalan que su mayor “beneficio” podría ser psicológico (ayudar a perderle el miedo a subir calorías poco a poco) más que fisiológico.
También se exagera mucho su impacto hormonal. Es verdad que las dietas muy restrictivas alteran hormonas implicadas en el apetito y el gasto energético, pero no hay pruebas de que una reverse diet cuidadosamente calculada “repare” mágicamente el metabolismo. En muchos casos, la recuperación de la tasa metabólica basal llega con algo tan poco glamuroso como recuperar parte del peso perdido y mantener hábitos de vida saludables durante meses.
Ayuno ligero, ayuno intermitente y otras variantes virales: cómo funcionan
Junto a la reverse diet se han colado términos como “ayuno ligero”, “ayuno 14/10” o versiones más agresivas de ayuno intermitente. En general, todas estas propuestas juegan con ventanas de tiempo para comer y para no comer (por ejemplo, saltarse la cena o el desayuno, o concentrar la ingesta en 8 horas al día).
La parte con algo de respaldo científico es que, para muchas personas, restringir las horas en las que comen les ayuda a reducir calorías sin estar contando cada bocado. Algunos estudios han visto que determinados protocolos de ayuno intermitente pueden ser tan eficaces como las dietas clásicas para perder peso, e incluso ligeramente más en ciertos grupos, siempre que se mantengan en el tiempo.
El problema es que la versión de redes sociales suele omitir todo lo incómodo: que no es una estrategia adecuada para todo el mundo, que puede generar atracones en las horas de comer, que complica la vida social y familiar y que personas con ciertas patologías pueden empeorar si lo intentan por su cuenta. Organismos y expertos recuerdan que estas técnicas no son la solución mágica a la obesidad, sino una herramienta más que, cuando se usa, debería hacerse con supervisión profesional.

Los riesgos ocultos de estas dietas milagro (cuando no son buena idea)
La parte menos instagramable de la reverse diet y del ayuno ligero son los riesgos, que casi nunca salen en el vídeo viral:
- Crear una relación más rígida con la comida: pesar cada gramo, ajustar calorías semana a semana o vivir pendiente del reloj puede aumentar la obsesión por la comida en personas vulnerables.
- Favorecer el efecto yo-yo: si se usan como “atajo rápido” sin cambiar hábitos de fondo, es fácil encadenar etapas de restricción y compensación que terminan en más peso y más frustración.
- Ignorar problemas médicos de base: diabetes, trastornos de la conducta alimentaria, problemas hormonales, medicación… Son situaciones en las que jugar a probar la dieta de moda sin supervisión es directamente peligroso.
- Dejar de lado lo importante: dormir mal, estar todo el día sentado o fumar pesan más en la salud a largo plazo que afinar durante tres semanas la ventana de alimentación.
Instituciones como la Organización Mundial de la Salud o el Ministerio de Sanidad insisten en algo que raras veces se viraliza: las dietas milagro suelen ser insostenibles y no son necesarias para mejorar la salud.
Qué sí sabemos que funciona para perder peso a largo plazo
Aquí viene la parte menos sexy, pero la que más repiten las guías oficiales: lo que mejor funciona para la mayoría de personas no es una etiqueta concreta (“reverse diet”, “ayuno ligero”), sino una combinación de cambios moderados y sostenibles:
- Patrones tipo dieta mediterránea: más frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y aceite de oliva, menos productos ultraprocesados y azúcares añadidos.
- Actividad física regular adaptada a cada persona, desde caminar más hasta entrenar fuerza varios días por semana.
- Mejorar el entorno: tener opciones saludables a mano, limitar refrescos y snacks en casa, organizar la compra.
- Mirar más allá del número de la báscula: el peso es solo un dato. Descanso, estrés, salud mental y contexto social también cuentan.
En TecnoOrbita solemos hablar de cómo la tecnología se mete en todos estos frentes: desde las apps que prometen contar cada caloría hasta los agentes de IA que ya se ofrecen como “coaches” de salud. Esa parte también importa: una herramienta mal configurada puede reforzar la obsesión por las dietas milagro en lugar de ayudarte a salir de ellas.

Entonces, ¿merece la pena probar la reverse diet o el ayuno ligero?
Si has llegado hasta aquí buscando una respuesta rápida, esta no va a serlo. El resumen sería algo así:
- La reverse diet no es una varita mágica para adelgazar comiendo más. Es, en todo caso, una estrategia de transición que, en la mayoría de los casos, solo tiene sentido con supervisión profesional.
- El ayuno ligero y el ayuno intermitente pueden funcionar para algunas personas, pero no son inocuos ni adecuados para todo el mundo. Y, desde luego, no deberían usarse si tienes antecedentes de trastorno de la conducta alimentaria, estás embarazada, en crecimiento o con patologías crónicas sin seguimiento médico.
- Lo que sí tiene respaldo sólido es una combinación de alimentación saludable, movimiento, buen descanso y apoyo psicológico cuando hace falta. Es menos viral, pero mucho más realista.
Este texto no sustituye a una consulta con tu médico de cabecera o con un dietista-nutricionista titulado. Si estás pensando en cambiar de forma importante tu forma de comer, en seguir una reverse diet o en empezar un ayuno intermitente, la mejor decisión que puedes tomar antes de dejarte llevar por un vídeo viral es pedir opinión profesional y adaptar cualquier plan a tu situación concreta.







