Marilyn Monroe

El proyecto secreto para reconstruir a Marilyn Monroe con IA que ha desatado una tormenta ética

Pocas figuras del siglo XX son tan icónicas como Marilyn Monroe. Su imagen sigue generando negocio décadas después de su muerte, y ahora la inteligencia artificial ha ido un paso más allá: recrearla como un avatar interactivo capaz de hablar contigo, responder preguntas y mantener conversaciones aparentemente naturales. Lo que para algunos es un homenaje tecnológico, para otros es un experimento inquietante que roza la explotación.

En los últimos meses, varias empresas han presentado proyectos en los que una Marilyn digital, entrenada con archivos de voz, imágenes de archivo y guiones, aparece en pantalla con expresiones faciales, tono de voz y gestos muy similares a los originales. La idea es que el usuario pueda “conocerla” en una especie de chat eterno. Pero, ¿dónde está la línea entre el tributo y el uso abusivo de la imagen de alguien que ya no puede opinar?

Cómo se fabrica una Marilyn digital con IA

Los ingredientes son conocidos: redes neuronales entrenadas con horas de vídeo, modelos de clonación de voz capaces de imitar timbres con pocos minutos de audio y sistemas de lenguaje que sostienen la conversación. Es la misma combinación de tecnologías que permite crear deepfakes, de los que ya hablamos al analizar estafas y suplantaciones apoyadas en datos robados o en guías para detectar contenidos manipulados.

En el caso de Marilyn, el modelo no solo imita su rostro y su voz. También intenta replicar su forma de expresarse, sus gestos y hasta su sentido del humor, basándose en entrevistas y películas. Según reportajes de medios como The Hollywood Reporter o Engadget, el sistema puede incluso adaptar sus respuestas al estado de ánimo del usuario, como si fuera una especie de asistente emocional con la cara de una estrella de cine.

Marilyn Monroe

Quién decide sobre la imagen de Marilyn en la era de la IA

Aquí empieza la parte complicada. Legalmente, los derechos de imagen de Marilyn los gestiona una empresa que explota su marca en acuerdos comerciales, licencias y productos. Desde ese punto de vista, el avatar de IA no sería muy diferente a una campaña de publicidad o a una línea de perfumes que usa su rostro. Pero ética y emocionalmente el terreno es mucho más pantanoso.

¿Habría querido Marilyn convertirse en un chatbot disponible 24/7? ¿Es aceptable poner en su boca frases que nunca dijo, aunque encajen con lo que el público espera de ella? Expertos en derecho y ética digital señalan que estamos entrando en la era de la “resurrección” de famosos, donde se podrá fichar a actores, cantantes o deportistas ya fallecidos para campañas, películas o incluso series completas sin que hayan dado su visto bueno.

En TecnoOrbita ya hemos explicado cómo la IA se ha colado en ámbitos tan distintos como la predicción meteorológica con borrascas como Claudia que se monitorizan desde el espacio o las tendencias de consumo en internet. Este proyecto con Marilyn lleva la misma lógica a un terreno mucho más delicado: la memoria de una persona real.

Por qué muchos fans y expertos lo ven como una línea roja

Para una parte del público, hablar con una versión digital de Marilyn puede ser un sueño cumplido. Para otros, es un recordatorio incómodo de lo poco control que tenemos sobre nuestra propia imagen una vez estamos muertos. Críticos y familiares de otros artistas han advertido que estos avatares corren el riesgo de convertir a las personas en marcas explotables hasta el infinito.

El debate se conecta con otros casos de IA generando vídeos de celebridades ya fallecidas, algo que medios internacionales y analistas legales han descrito como una “resurrección incómoda” que puede banalizar su legado y abrir la puerta a usos francamente desagradables. Si hoy se recrea a Marilyn para que te felicite el cumpleaños, mañana podría utilizarse su rostro para vender productos que ella nunca habría respaldado o para ponerla en escenas humillantes.

Qué dice este caso sobre nuestro futuro digital

Más allá de Marilyn, el caso es un adelanto de un problema que afectará a cualquiera con suficiente huella digital. Fotos en redes, vídeos, audios, publicaciones… todo eso puede acabar siendo material de entrenamiento para modelos capaces de generar una versión tuya bastante convincente. La pregunta no es solo si se podrá hacer, sino quién tendrá derecho a hacerlo y con qué límites.

Mientras tanto, el proyecto de Marilyn funciona como espejo de nuestras contradicciones: nos fascina la idea de “traer de vuelta” a nuestros ídolos, pero nos incomoda imaginar que lo mismo pase con nosotros o con alguien cercano. Es probable que veamos más casos parecidos, cada vez más sofisticados, y que el debate no desaparezca, sino que se vuelva más urgente.

Lo que está claro es que la IA ya no solo escribe textos, traduce idiomas o detecta patrones en datos. También reescribe, literalmente, la forma en la que recordamos a quienes ya no están. Y en ese terreno, quizá sea buena idea avanzar más despacio de lo que permite la tecnología.

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