mirar pantallas en exceso

El estudio que confirma que mirar pantallas en exceso distorsiona cómo percibes el paso del tiempo

Hay una sensación que casi todo el mundo reconoce: coges el móvil “un minuto”, abres dos cosas, respondes un mensaje, miras un vídeo… y cuando vuelves a levantar la cabeza, han pasado 40 minutos. No es solo falta de fuerza de voluntad. Cada vez hay más investigación que apunta a que el uso intensivo de pantallas puede alterar la percepción del paso del tiempo, y no de forma anecdótica, sino con mecanismos bastante claros.

La idea es simple, pero incómoda: no siempre experimentamos el tiempo “tal y como es”. Nuestro cerebro lo reconstruye a partir de atención, memoria, cambios y eventos. Y las pantallas modernas (con scroll infinito, estímulos constantes y recompensas rápidas) son una máquina perfecta para distorsionar ese cálculo.

Por qué el tiempo se te escurre con el móvil (y no igual en otras cosas)

El tiempo subjetivo no es un cronómetro interno. Depende de cuántas “marcas” registra tu cerebro. Cuando haces algo con estructura clara (por ejemplo, cocinar, ordenar la casa, entrenar), hay eventos y transiciones que segmentan la experiencia. En cambio, muchas apps están diseñadas para evitar cortes: pasas de un vídeo a otro, de una historia a otra, de una publicación a otra, sin un final definido.

En psicología se habla desde hace años de cómo los límites entre eventos y la estructura de lo que vivimos influyen en la memoria y la duración percibida. Y, cuando esa estructura falla o se “glitchea”, aparecen distorsiones temporales. Por ejemplo, investigaciones revisadas en Scientific Reports describen cómo ciertos patrones perceptivos pueden generar distorsiones en la experiencia del tiempo. No es exactamente “culpa del móvil”, pero el móvil reúne justamente las condiciones que facilitan el efecto.

El papel de la atención: cuando el móvil te secuestra sin que lo notes

La atención es el combustible de la percepción temporal. Si tu atención está hiperenganchada (vídeos cortos, notificaciones, clips encadenados), el cerebro registra menos “pasos” conscientes. Es decir, vives más cosas, pero las recuerdas peor como una secuencia ordenada. El resultado suele ser paradójico: durante el uso, el tiempo “vuela”; después, al mirar atrás, se siente como si el rato hubiera desaparecido.

Esto encaja con algo que ya explicamos en TecnoOrbita: muchas plataformas no solo compiten por tu tiempo, sino por tu noción del tiempo. Si quieres verlo con tus propios ojos, enlaza perfecto con el truco oculto de TikTok para saber cuánto tiempo pierdes haciendo scroll, porque cuando ves el número, suele venir el susto.

Una mujer sentada en el suelo mirando su teléfono móvil

Por qué no todas las pantallas distorsionan igual

No es lo mismo leer un artículo largo que consumir contenido corto a golpe de dedo. El “modo” importa: multitarea, interrupciones, notificaciones, cambios de app. La distorsión suele empeorar cuando tu sesión se llena de microdecisiones (cambiar de vídeo, saltar, buscar otro clip, abrir otro chat). Cada salto rompe la continuidad de memoria, pero no crea una estructura clara de inicio y fin. Es como vivir en un pasillo infinito.

Por eso, cuando alguien dice “me puse con el móvil y se me fue la tarde”, muchas veces no es exageración: es una combinación de atención fragmentada y estructura narrativa inexistente.

Cómo comprobarlo en tu caso sin volverte loco

Hay una prueba simple: elige un día y compara dos bloques de 30 minutos. En uno, usa el móvil con apps de scroll infinito. En el otro, haz una tarea con estructura clara (leer un capítulo, cocinar algo, ordenar una zona). Luego intenta estimar cuánto duró cada bloque sin mirar el reloj.

Y si te preocupa el lado “invisible” del consumo digital, encaja bien con la aplicación invisible del móvil que roba datos en segundo plano, porque muchas veces lo que te quita tiempo también está recopilando más de lo que crees.

Qué puedes hacer para que el tiempo vuelva a “sentirse real”

No hace falta demonizar las pantallas, pero sí devolverles límites. Lo que mejor funciona suele ser:

(1) activar resúmenes o límites de tiempo en apps concretas, (2) cortar notificaciones no esenciales, (3) evitar el móvil en los momentos de transición (antes de dormir, al despertar), y (4) introducir “finales” (por ejemplo, “veo 3 vídeos y cierro”).

El objetivo no es ser perfecto, sino recuperar algo muy básico: que el tiempo no se te escape sin darte cuenta.

No estás imaginando cosas

Si sientes que con las pantallas el tiempo se deforma, no es una paranoia moderna. Hay mecanismos conocidos que explican por qué el móvil puede hacer que el rato desaparezca. La buena noticia es que no necesitas una vida monástica: con límites pequeños y decisiones conscientes, tu percepción del tiempo vuelve a estabilizarse.

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