La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha confirmado que el otoño de 2025 va a registrar temperaturas anómalas en casi todo el territorio peninsular, prolongando el calor del verano e instaurando un escenario climático de récord. Esta previsión llega después de que el verano haya sido el más cálido en la serie histórica en España, con una temperatura media 2,1 ºC superior al promedio y varios episodios de olas de calor que han marcado el calendario y la vida diaria de millones de personas.
Lejos de dar un respiro, el otoño apunta a consolidar la tendencia de temperaturas altas, déficit de lluvias y posibles fenómenos extremos, lo que genera preocupación en sectores como la agricultura, la salud pública y la gestión de recursos hídricos.
Un verano de récord, antesala de un otoño inusual
El verano de 2025 ha dejado cifras históricas: una temperatura media de 24,2 ºC, lo que supone 2,1 grados por encima del valor habitual, y récords tanto en número como en intensidad de olas de calor. Según AEMET, este calor se prolonga inusualmente al otoño, especialmente en el centro, norte y Mediterráneo, alcanzando máximas impropias para la época y postergando la llegada del frío.
Las noches tropicales (mínimas superiores a 20 ºC), cada vez más frecuentes en septiembre y octubre, son una de las consecuencias más visibles del cambio climático, alterando la vida urbana y los ciclos naturales.
¿Qué significa un otoño con temperaturas anómalas?
La previsión de la AEMET apunta que, durante septiembre, octubre y noviembre, existe un 60-70 % de probabilidad de que el otoño 2025 sea más cálido de lo normal en la península y Baleares, y un 50 % en Canarias. El noroeste, centro y área mediterránea serán los más afectados, pero ninguna región se libra de esta tendencia.
Este escenario lleva a un retraso en la llegada del frío, mantiene riesgos de incendios forestales elevados y afecta a la planificación agrícola y a los ecosistemas, haciéndolos más vulnerables ante eventos extremos.

Déficit de lluvias y clima extremo
Junto al calor, el otoño de 2025 estará marcado por una falta generalizada de precipitaciones en el centro, sur y oeste peninsular. Aunque no se descartan episódicos fenómenos adversos como DANAs o tormentas intensas (sobre todo en el Mediterráneo), la señal dominante es la sequía relativa para gran parte del país.
Según los expertos, la escasez de lluvias agrava la presión sobre embalses y cultivos, pone en riesgo la salud de bosques y aumenta la probabilidad de incendios tardíos y polvo sahariano, afectando la calidad del aire.
Impacto en salud, agricultura y medio ambiente
Las temperaturas anómalas impactan directamente en la salud pública, especialmente en mayores, niños y personas con enfermedades crónicas. Las olas de calor prolongadas están asociadas a un aumento de ingresos hospitalarios, problemas de sueño y fatiga, y enfermedades relacionadas con el calor.
En el campo, la agricultura debe adaptarse a ciclos alterados, con menor rendimiento y más plagas, mientras ganaderos sufren por la falta de pasto y agua. Además, los cambios de temperatura afectan la fenología de plantas y animales, modificando migraciones y periodos de reproducción.
¿Episodios extremos? DANAs y lluvias torrenciales
Pese al predominio de sequía y calor, otoño es época propicia para extremos como las DANAs (depresiones aisladas en niveles altos), capaces de provocar lluvias torrenciales y crecidas súbitas. En 2024, la DANA de octubre batió historiales con más de 700 litros/m² en 24 h en Valencia, un ejemplo del potencial de la atmósfera para alternar calor, sequía y lluvias extremas en pocas semanas.
La meteorología confirma que el cambio climático favorece mayor frecuencia e intensidad de estos eventos, evidenciando la necesidad de medidas de adaptación y prevención.
Perspectiva climática: ¿nueva normalidad o situación de alerta?
La sucesión de episodios cálidos fuera de temporada y sequías persistentes está redefiniendo el “otoño” en España. Cada vez más voces científicas alertan de que la nueva normalidad climática implica convivir con “estaciones híbridas”, menos diferenciadas y caracterizadas por fenómenos extremos e imprevisibles.
Esto plantea desafíos para la gestión de recursos, infraestructuras y planificación urbana, impulsando cambios en hábitos de consumo y en la política de prevención y alerta temprana.
El otoño más cálido, síntoma del cambio climático acelerado
La advertencia de la AEMET para el otoño 2025 confirma una tendencia que preocupa y obliga a la adaptación: temperaturas anómalas y prolongación del calor. El impacto alcanza a la salud, economía, medio ambiente y al día a día de millones de personas. La única certeza es que el clima está cambiando más rápido de lo previsto, dejándonos un escenario donde la resiliencia y adaptación serán palabras clave para el futuro.







