La sanidad universal, entendida como acceso a servicios básicos de salud para toda la población, está en el punto de mira global. El nuevo informe conjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial alerta de que, pese a los avances, decenas de millones siguen quedando fuera de atención médica, incluso en países con sistemas robustos. Los retos son enormes y las decisiones tomadas hoy marcarán cómo será la salud pública mañana.
Qué revela el informe sobre la situación global
Según los datos compilados, más de 4.500 millones de personas carecen de acceso a servicios esenciales de salud, y un porcentaje significativo sufre gastos catastróficos si necesitan atención especializada. La OMS advierte de que la pandemia ha empeorado la situación y frenado el ritmo hacia la cobertura universal. Además, la desigualdad entre regiones se ha acentuado, con un retroceso claro en países con menos recursos.
Qué implica para Europa y España
Aunque muchos países europeos ya cuentan con sistemas públicos consolidados, el informe señala algunas debilidades estructurales que podrían agravarse:
- Envejecimiento poblacional, que aumentará la demanda de cuidados y atención crónica.
- Escasez de profesionales sanitarios en atención primaria, lo que puede provocar esperas y saturación.
- Presión presupuestaria ante nuevas terapias, subidas de costes farmacéuticos y avances tecnológicos.
Cómo la tecnología puede ser parte de la solución
El informe recomienda impulsar la digitalización como fórmula para aliviar el sistema. Entre las soluciones destacan:
- Telemedicina y consultas virtuales para mejorar la accesibilidad en zonas rurales o remotas.
- Historial digital unificado que permita compartir información médica entre regiones o países sin barreras.
- IA de apoyo al diagnóstico, que filtre casos, gestione datos y agilice procesos.
- Wearables y monitoreo remoto para seguir condiciones crónicas sin hospitalización constante.
En ese contexto, la tecnología deja de ser un añadido y se convierte en un pilar. En TecnoOrbita analizamos con detalle cómo las apps y servicios digitales impactan nuestra vida: por ejemplo, en cómo las apps extraen datos solo con gestos, lo que demuestra que lo digital ya no se limita a lo visible. Los servicios de salud no van a ser una excepción.
Los riesgos de una sanidad digital mal regulada
Pero la solución tecnológica no está exenta de peligros. Entre los desafíos más relevantes están:
- Brecha digital: quienes no tengan dispositivos o conexión pueden quedarse sin acceso real.
- Privacidad de datos sanitarios: el historial médico es información extremadamente sensible que debe protegerse con garantías.
- Dependencia tecnológica: fallos en sistemas, ciberataques o mala implementación podrían dejar sin servicio a muchos.
Justo por eso el informe advierte que la digitalización debe ir acompañada de normativas fuertes, inversión en ciberseguridad y formación sanitaria. Si no, el riesgo es ampliar desigualdades en lugar de reducirlas.
Qué cambios podríamos ver en los próximos años
Si los gobiernos europeos y los organismos regulatorios toman en serio las recomendaciones, podríamos ver:
- Más consultas por videollamada para enfermedades leves o seguimiento de crónicos.
- Disponibilidad 24/7 de ciertos servicios básicos a través de plataformas digitales.
- Atención preventiva personalizada mediante datos de salud y hábitos de vida recogidos por dispositivos.
- Colaboración internacional en investigación, suministro de medicamentos y protocolos sanitarios comunes.
La sanidad universal sigue siendo posible, si evoluciona
El nuevo informe de la OMS y el Banco Mundial es una llamada de atención. Demuestra que todavía hay mucho por hacer, incluso en países avanzados. Pero también ofrece una hoja de ruta clara: combinar financiación pública con innovación tecnológica, reforzar la prevención, digitalizar servicios y garantizar acceso universal.
La sanidad universal no debe ser solo un ideal, sino un objetivo alcanzable. Y con la tecnología adecuada, regulación firme y voluntad política, puede ser real. Pero los próximos años serán claves para decidir si Europa está a la altura de ese desafío.







