Después de Nochevieja suele haber un momento muy poco glamuroso: la casa medio apagada, el salón con restos de cables y una fila de dispositivos pidiendo carga como si todo el mundo se hubiera quedado sin batería a la vez. Móvil, smartwatch, auriculares, altavoz, power bank, algún vapeador, la cámara, el portátil… y, de fondo, esa urgencia absurda de “que cargue rápido”, aunque no tengas ningún sitio al que ir.
Ahí aparece el error más común del año nuevo: intentar resolverlo todo con una sola regleta y varios cargadores a la vez. Parece inocente, pero es el origen de muchos sustos: sobrecalentamientos, enchufes flojos, cargadores de baja calidad trabajando al límite y, en el peor caso, riesgo real de incidente eléctrico.
La clave no es tener miedo. Es entender qué pasa cuando haces la carga “a lo loco” y cómo evitarlo con dos decisiones sencillas.
Vamos al grano, pero sin tecnicismos: lo que se rompe, por qué se rompe y qué hacer hoy.
El error: multiplicar enchufes sin pensar en potencia, calor y calidad
El patrón es este: regleta, adaptadores, cargadores apilados, algún enchufe medio suelto y, a veces, un alargador adicional porque “no llega”. Todo funcionando durante horas, muchas veces encima de una alfombra o detrás de un mueble. Y eso es una receta perfecta para calor acumulado.
La Electrical Safety Foundation International resume recomendaciones básicas muy claras en su guía de seguridad con alargadores y cables, incluyendo evitar sobrecarga y evitar usos que impidan disipar calor. No hace falta ser electricista para captar la idea: si el calor no sale, se acumula.
¿Por qué pasa más en estas fechas? Porque vienes de un día de uso intensivo y todo llega a cero a la vez. Y porque hay una sensación psicológica de “ya lo arreglo mañana”, así que lo dejas cargando más tiempo del necesario.

La trampa: cargadores baratos y cables que no están a la altura
Cuando hay prisa, se usan cargadores de cualquier cajón. Algunos son buenos. Otros son directamente una lotería: mala disipación, componentes básicos, control térmico pobre. El resultado es que la carga se vuelve inestable, el cargador se calienta más de la cuenta y el cable puede sufrir.
No se trata de “solo vale el original”. Se trata de usar cargadores con certificaciones y marcas fiables. Y, sobre todo, no mezclar cargadores rápidos potentes con regletas viejas o enchufes flojos.
Si has notado que tu móvil se calienta más, o que carga y deja de cargar, no siempre es el móvil. Muchas veces es la cadena completa.
Qué hacer bien en casa: dos reglas simples que evitan casi todo
- Primera regla: reparte la carga. Si tienes dos enchufes en habitaciones distintas, úsalo. Si puedes cargar el portátil en una toma y el resto en otra, mejor. No porque “explote” una regleta a la mínima, sino porque reduces calor y estrés eléctrico.
- Segunda regla: prioriza. No necesitas cargar todo a la vez. Móvil y un dispositivo crítico, primero. Lo demás puede esperar. La ansiedad de “todo al cien por cien” es lo que te empuja al error.
Un detalle que poca gente hace: toca el cargador después de quince minutos. Si está demasiado caliente, algo va mal (cargador, cable, enchufe o ventilación). Esa comprobación básica evita muchos sustos.
Cargarlo todo “de golpe”
Lo bueno: comodidad, sensación de control, te levantas con todo listo. Lo no tan bueno: más calor, más puntos débiles, más probabilidades de que algo falle o de que la carga sea irregular. Y si hay un dispositivo con batería muy degradada, también sufre más.
Si vienes de varios días de horarios raros, tu casa también está en “modo desorden”. Y esa mezcla suele acabar en malos hábitos eléctricos. Lo curioso es que el mismo enfoque que usamos para hábitos digitales funciona aquí: no hace falta perfección, hace falta una rutina mínima.
Esto sirve especialmente si en casa hay muchos dispositivos, si se ha usado una regleta como solución permanente o si notas cargadores calientes. Hoy revisa tres cosas: el estado de la regleta, el estado del cable y si el enchufe hace buen contacto. Si algo está flojo o caliente, no lo normalices.
Cargar bien hecha no es una manía. Es evitar que el primer día del año empiece con un susto tonto. Y, con dos reglas simples, se arregla.







