Todos hemos experimentado en nuestras propias carnes y en innumerables y desesperantes ocasiones la dolorosa, inmensa y colosal frustración doméstica de la tecnología inalámbrica moderna. Inviertes una gran cantidad de dinero mensual contratando la mejor, más cara y veloz tarifa de pura fibra óptica simétrica de mil megas con tu operadora de telefonía de confianza.
Te instalan el equipo nuevo, brillante y prometedor, pero cuando te sientas plácidamente en el sofá de tu salón para ver una película en resolución 4K o trabajar en remoto con tu portátil, te topas de bruces con la cruda, triste e irritante realidad tecnológica de tu vivienda: las series se pausan constantemente con la temida rueda de carga giratoria, las pesadas videollamadas de la oficina se cortan de forma abrupta e inoportuna, y las largas descargas de archivos tardan auténticas y eternas horas en completarse.
Ante este dantesco, lento y exasperante panorama digital de baja velocidad, la inmensa y abrumadora mayoría de los furiosos usuarios domésticos asume de forma completamente errónea que su compañía de internet les está estafando con la velocidad prometida, o que su costoso ordenador portátil se ha vuelto obsoleto de repente.
Corren a comprar carísimos y complejos repetidores de señal, o se sumergen en complicados y aburridos tutoriales informáticos para intentar cambiar los oscuros canales de transmisión y de frecuencia de las ondas internas del aparato de red.
Sin embargo, el inmenso, brutal y verdadero secreto oculto para mejorar la señal WiFi de forma drástica y mágica en tu casa rara vez tiene algo que ver con la densa informática o los fallos de la red; radica única y exclusivamente en las implacables y tercas leyes de la física acústica y de radio y en la ubicación física y material del pequeño aparato de plástico de tu salón.
En este artículo vas a encontrar:
- El grave e inmenso error universal de esconder y tapar el feo aparato detrás de los voluminosos muebles de madera o dentro de cajones oscuros.
- El enemigo letal e invisible de las ondas de radiofrecuencia de alta velocidad: los espejos de baño y las peceras con agua densa.
- La importancia crítica, matemática y espacial de buscar la altura óptima y el centro geográfico exacto de la vivienda moderna.
- La guerra silenciosa y electromagnética entre tus propios e inofensivos electrodomésticos de cocina y tu valiosa conexión de fibra.
El gran castigo estético: esconder el router en las sombras
Para lograr atajar de raíz, solucionar verdaderamente y comprender a fondo el inmenso y complejo problema de la mala cobertura inalámbrica en nuestros pasillos modernos, el primer paso absolutamente crítico e ineludible es reconocer abiertamente nuestro mayor pecado capital de diseño de interiores en la casa moderna.
Los robustos routers que nos proporcionan masivamente y por defecto las operadoras telefónicas suelen ser, de forma innegable, generalizada y objetiva, unas cajas de plástico negro o blanco sumamente feas, toscas, llenas de parpadeantes y molestas luces LED agresivas y plagadas de antiestéticos cables de cobre grueso y colorines asomando por detrás de la pared.
Guiados única y exclusivamente por este justificado purismo estético y decorativo, nuestro instinto básico nos empuja irremediablemente a esconder, sepultar y arrinconar este aparato vital en el rincón más profundo, oscuro e invisible posible del hogar.
Lo embutimos sin piedad dentro del pesado mueble bajo de madera maciza de la televisión, lo encajamos dolorosamente detrás del enorme sofá de tela gruesa, o lo metemos dentro de aburridas cajas de registro eléctricas cerradas a cal y canto con chapas metálicas en el frío recibidor de la entrada.
Tal y como advierten incesantemente los expertos analistas en redes domésticas de Xataka, el WiFi no es magia oscura; son ondas de radiofrecuencia de muy alta frecuencia (especialmente la moderna y frágil banda de 5 GHz). Estas velocísimas ondas chocan violentamente y son absorbidas, amortiguadas, bloqueadas y destruidas casi por completo al intentar atravesar inútilmente materiales densos, sólidos y pesados como la madera aglomerada, el metal industrial o los grandes bloques de cemento de los muros maestros, matando tu velocidad antes de que la señal logre siquiera salir de la habitación inicial.
El agua y los espejos: los asesinos invisibles del internet
Incluso si tienes la excelente costumbre y la loable decencia espacial de colocar tu aparato de internet a plena vista, despejado y sobre una estantería limpia y abierta del salón principal de tu vivienda de tres habitaciones, existen elementos cotidianos de la vida moderna y aparentemente inofensivos de tu decoración que son auténticos, implacables y letales sumideros oscuros y agujeros negros para las frágiles ondas inalámbricas.
El agua dulce o salada es uno de los mayores, más densos y eficaces absorbentes naturales y aislantes físicos de la radiación de radiofrecuencia conocidos por la ciencia moderna. Si tu gran y precioso acuario tropical lleno de peces y litros de líquido espeso se encuentra situado justo en línea recta y visual entre tu router blanco del mueble y tu habitación de estudio lejana, esa inmensa pared de agua densa actuará como un impenetrable y masivo escudo de plomo infranqueable, devorando salvajemente y por completo la fuerza útil de tu señal inalámbrica.
Del mismo modo, los grandes espejos decorativos de pared antiguos que adornan los pasillos anchos o las pesadas puertas de tus armarios empotrados del dormitorio, al estar recubiertos internamente en su cara oculta por una fina y densa capa de metal reflectante como la plata o el aluminio brillante, rebotan de forma caótica, impredecible y violenta la señal inalámbrica hacia atrás como si fuera luz, creando enormes zonas de sombra, peligrosas interferencias de rebote mortales y gigantescos «puntos muertos» y oscuros en las habitaciones contiguas de la casa moderna.
La altura correcta y la guerra electromagnética en la cocina
La altura física y la tridimensionalidad espacial de la colocación del aparato emisor es otro factor de inmensa e incalculable importancia matemática que la inmensa y abrumadora mayoría de los usuarios tecnológicos pasa por alto de forma incomprensible a diario.
Las antenas internas omnidireccionales de tu dispositivo moderno emiten y expanden la invisible y útil señal de radio hacia absolutamente todas las direcciones físicas posibles, expandiéndose y viajando lentamente como una gigantesca y esférica burbuja de jabón que crece tridimensionalmente.
Si colocas errónea y estúpidamente tu router de internet en el rodapié más bajo del suelo del pasillo arrinconado, o detrás de las macetas del suelo, estás literalmente tirando, desperdiciando y enterrando la inmensa mitad geométrica de tu valiosa cobertura de red apuntándola directamente hacia el frío suelo de baldosas o hacia la cabeza de tus enfadados vecinos del piso de abajo.
La regla de oro y el truco maestro sagrado para una cobertura óptima, veloz e inmensa requieren colocar el aparato a una altura mínima y respetable de un metro o metro y medio del suelo liso, sobre una mesa o mueble mediano, permitiendo que la «burbuja» esférica invisible de señal viaje libremente por el aire limpio del nivel medio superior de la casa.
Finalmente, debemos abordar la feroz, silenciosa y destructiva guerra electromagnética y de radiofrecuencia que se libra diariamente en el peor y más saturado lugar posible para la tecnología pura: la peligrosa cocina de tu casa.
Electrodomésticos pesados y de alto voltaje como el potente microondas antiguo, que curiosamente y de forma fatal opera exactamente en la misma idéntica e inmensamente saturada frecuencia de radio de 2.4 GHz que tu red WiFi básica antigua, o los viejos y voluminosos teléfonos inalámbricos de base analógica y los vigilabebés de vídeo con cámara, actúan en la sombra como auténticos y gigantescos inhibidores de frecuencia ilegales.
Encender el microondas para calentarte un café rápido puede fulminar e interferir letalmente con tu red durante esos dos largos minutos, tirando por los suelos tu velocidad y desconectando de golpe tus partidas online.
Entender estas crudas y físicas reglas del entorno y la radiación, y alejar conscientemente tu valioso equipo emisor de internet de estos molestos rivales metálicos, de los espesos rincones y de los grandes muros húmedos, es la única e infalible vía real, mágica, y sobre todo gratuita, para lograr mejorar la señal WiFi masivamente de esquina a esquina en tu hogar actual, volviendo a navegar por internet a la gloriosa e inmensa velocidad de la luz por la que religiosamente pagas a fin de mes.
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