Hay un tipo de gasto que irrita porque no se ve. No es “he puesto la lavadora”. No es “he cocinado con el horno”. Es ese consumo pequeño que se queda ahí, día tras día, aunque jures que “está apagado”. En muchas casas, el hogar moderno está lleno de electrónica esperando: un piloto encendido, un receptor del mando, una red en segundo plano, un sensor atento. Y esa espera tiene un coste: standby.
Lo fuerte es que el standby no te hace sentir que estás usando nada. No te da servicio visible, no te da una experiencia. Solo se acumula. Y cuando llega el recibo, parece que la casa “consume sola”. En parte, sí. En parte, es exactamente eso.
Este tema tiene mucha miga porque mezcla dos realidades: hay aparatos que gastan poquísimo y otros que, sin parecerlo, suman más de lo esperado. Y además, ahora tenemos “standby con red”, que significa que el aparato no solo espera un mando: espera Internet.
Vamos a poner orden: qué es standby, qué dispositivos suelen ser los sospechosos, qué cifras son razonables y qué medidas sí merecen la pena.
Qué es standby y por qué existe
Standby es la energía que consume un dispositivo cuando no está haciendo su función principal, pero sigue alimentando circuitos para estar listo: reloj, receptor del mando, conexión de red, sensores o memoria. La Unión Europea regula esto con requisitos de ecodiseño sobre standby y networked standby, precisamente porque es un gasto extendido.
El matiz importante es ese: networked standby. No es lo mismo una tele “a la espera del mando” que una tele conectada que quiere actualizarse, mantener sesiones, escuchar comandos o estar lista para encender rápido desde una app.
Cuánto puede consumir un aparato “apagado”
Depende muchísimo. Hay estudios que miden consumos en espera en electrodomésticos y electrónica común, con rangos bajos por aparato, pero relevantes por acumulación. Por ejemplo, un estudio sobre consumo en standby en aparatos domésticos reporta valores típicos en el entorno de fracciones de vatio a pocos vatios en espera, que sumados pueden representar un porcentaje apreciable del consumo anual. Ese tipo de mediciones aparecen en análisis como el de phantom load en standby, donde se cita que el rango puede ir desde valores pequeños hasta decenas de vatios según equipo y modo.
Y aquí viene lo práctico: un vatio constante todo el año se convierte en energía real. No hace falta hacer cuentas obsesivas para entenderlo: el problema no es un aparato, es la colección.
Los sospechosos habituales en una casa normal
- Televisores y decodificadores. Aunque la tele “parezca apagada”, muchas quedan listas para encender rápido, actualizar apps y mantener red. Los decodificadores, además, suelen ser de los que más mantienen actividad en segundo plano.
- Consolas. Algunas tienen modos de inicio rápido que mantienen partes vivas para descargar actualizaciones o estar listas. Ese standby puede ser mucho más alto que el de un cargador tonto.
- Routers y sistemas WiFi. Aquí el matiz es importante: el router gasta, sí, pero también te da servicio real constante. No es el típico culpable que vas a desenchufar cada noche si dependes de él. Lo que sí conviene es tenerlo bien configurado. TecnoOrbita lo aterriza en esta revisión anual del router, porque un router mal configurado puede hacerte gastar más y encima darte peor experiencia.
- Altavoces inteligentes y hubs. Están escuchando “la palabra clave” o esperando comandos. Ese estado continuo es literalmente consumo.
- Cargadores siempre enchufados. Algunos consumen poco, pero si tienes cinco en cada habitación, se convierte en hábito caro por acumulación.
- Electrodomésticos con pantalla o reloj. Microondas con reloj, hornos con display, cafeteras con temporizador. No es dramático por unidad, pero suma.
Por qué esto importa fuera del laboratorio
Porque el standby es una de esas fugas que puedes recortar sin cambiar tu vida. No te pide pasar frío ni dejar de cocinar. Te pide ordenar enchufes y entender qué merece estar siempre listo y qué no.
También importa por seguridad y por hábitos: en casas con muchas regletas, enchufes y cargadores, la gente enchufa sin pensar. Y luego se sorprende de que “siempre hay algo encendido”. Tenerlo claro reduce ruido y reduce gasto.
Qué puedes hacer sin vivir desenchufando todo
- Primero, identifica tu “zona de electrónica”. Tele, consola, decodificador, barra, altavoz. Ahí se concentra mucho standby.
- Segundo, usa una regleta con interruptor para los dispositivos que no necesitas listos. No para el router si lo usas, sí para consola o decodificador si no te importa esperar cinco segundos más.
- Tercero, revisa ajustes de inicio rápido. A veces el modo “arranque rápido” es el que dispara consumo en espera. Si no lo necesitas, desactívalo.
- Cuarto, si quieres bajar consumo sin tocar instalación, TecnoOrbita tiene una guía muy práctica sobre cómo recortar consumo en casa con medidas reales. Aunque esté contextualizada, el concepto de base es totalmente evergreen: recortar fugas y hábitos invisibles.
La conclusión útil: el standby existe porque queremos comodidad, encendido rápido y dispositivos conectados. Si eliges qué aparatos de verdad necesitan estar “siempre listos”, puedes recortar una parte del consumo sin perder calidad de vida. Y eso, en una casa moderna, ya es una victoria.







