Si has pasado por un mercado de Navidad en los últimos años, seguro que has visto el clásico “cuello de botella”, ese punto donde la gente se acumula, el ambiente se vuelve incómodo y, de repente, el paseo deja de ser paseo. Lo interesante es que algunos ayuntamientos ya no están gestionando esa situación a ojo ni solo con vallas y policía local. Están empezando a medir el aforo navideño en tiempo real con sensores que no son cámaras y que, bien usados, no sirven para identificar a nadie.
La idea no es vigilar, sino anticiparse: saber cuándo un mercado entra en zona de riesgo, cuándo conviene desviar flujos, abrir una entrada alternativa o pausar el acceso durante unos minutos. Y hacerlo sin convertir el centro de la ciudad en un set permanente de videovigilancia.
Qué se está usando en lugar de cámaras: conteo anónimo de paso
Cuando se habla de sensores térmicos o contadores de paso, mucha gente imagina una cámara camuflada. Pero en los despliegues más habituales, el dispositivo no guarda un vídeo ni una imagen reconocible. Detecta cambios de calor, volumen o profundidad para estimar cuántas personas cruzan una línea. Es decir: cuenta entradas y salidas, y con eso calcula el aforo navideño aproximado.
Hay tecnologías distintas, y ahí está la clave. Algunos sistemas usan sensores térmicos que identifican una firma de calor al pasar por una puerta, y otros usan sensores 3D o de tiempo de vuelo (ToF) para diferenciar personas de objetos. La norma en estos casos es simple: captar la señal mínima necesaria para contar sin grabar.
Un ejemplo real y por qué tiene sentido
Esto no es teoría: se ha instalado conteo de personas en accesos a mercados navideños para monitorizar afluencia y, si hace falta, limitar el acceso por seguridad. La lectura es bastante práctica: si en una tarde concreta, por ejemplo, un sábado con buen tiempo, el flujo sube de golpe, el ayuntamiento puede aplicar medidas sin esperar a que el sitio colapse. Y eso reduce riesgos, mejora la experiencia y evita decisiones improvisadas.
Además, este tipo de sistemas suele dar picos horarios, tendencias y comparativas entre días. No es cotilleo, es gestión: limpieza, transporte público, seguridad, accesos y hasta colocación de puestos.
Qué datos se recogen y qué datos no se recogen
Para que esto sea aceptable, hay una diferencia que conviene repetir: contar no es identificar. En un sistema pensado para gestionar el aforo navideño, lo normal es que solo exista un número: “han entrado X, han salido Y, ocupación estimada Z”. Si además hay mapas de calor, suelen ser agregados por zonas y sin trazas individuales.
Ahora bien, no todo depende de la tecnología: depende del uso. Por eso la transparencia importa. Lo razonable es que haya cartelería clara, finalidad limitada (seguridad y fluidez), y retención mínima de datos. Y, si se comunica bien, la aceptación suele ser mayor que con cámaras.
Por qué se está popularizando justo ahora
Hay tres razones. La primera es evidente: los mercados navideños han crecido una barbaridad, y con ellos el riesgo de saturación. La segunda es cultural: hay menos tolerancia social a llenar de cámaras los espacios públicos. Y la tercera es tecnológica: contar se ha vuelto más barato, más fiable y más fácil de desplegar.
Muchos ayuntamientos están entrando en una lógica de “ciudad medible”, el mismo tipo de mentalidad que está detrás de los semáforos inteligentes y la analítica de movilidad. En TecnoOrbita ya lo contamos al hablar de cómo algunos cruces “leen” lo que pasa alrededor para ajustar tiempos y evitar problemas, cómo funcionan los semáforos inteligentes.
El debate inevitable: privacidad y confianza
Cuando alguien oye “sensor”, piensa en control. Y es normal: demasiadas veces la tecnología se ha vendido como neutral y luego se ha usado para otras cosas. Por eso, si la gestión del aforo navideños quiere funcionar sin polémica, hay que hacerlo bien: explicar qué se mide, por qué, durante cuánto tiempo y con qué garantías.
En el fondo, el reto es el mismo que con los algoritmos: no siempre hace falta saber quién eres para acertar. Basta con patrones y señales. Lo contamos en TecnoOrbita cuando hablamos de por qué un móvil parece “leerte la mente” con recomendaciones; no es telepatía, es estadística aplicada a señales: qué hay detrás de las recomendaciones.
Qué puede salir mal y cómo se corrige
Estos sistemas no son infalibles. Si entra un grupo muy pegado, si hay carritos, paraguas, globos o una puerta muy ancha, el conteo puede desviarse. Por eso se calibran, se combinan varios accesos y el dato se trata como tendencia más que como número exacto.
También hay un error humano: creer que con el dato basta. No: el sensor te avisa, pero la decisión (–) abrir un acceso, reorganizar colas, cortar entrada es operativa. Es un sistema de ayuda, no una varita mágica.
La parte útil y la que de verdad importa
Cuando se hace bien, el resultado es simple: menos agobios, menos empujones, menos colas absurdas y más sensación de control. El aforo navideño deja de ser una apuesta y pasa a ser un indicador con el que trabajar.
Y esto tiene otra ventaja poco comentada: reduce la necesidad de medidas más intrusivas. Si puedes reaccionar antes con un conteo anónimo, no necesitas llenar el recinto de cámaras “por si acaso”. En 2025, esa diferencia no es menor.
El conteo de afluencia sin cámaras no es la solución a todo, pero sí un paso sensato para gestionar eventos masivos en ciudad. El punto clave está en el objetivo seguridad y fluidez y en comunicarlo con transparencia. Si eso se cumple, el aforo navideños puede medirse sin que nadie sienta que le están mirando.
Más allá de Navidad y de los adornos navideños, esto abre un camino interesante: medir para gestionar sin invadir. Y en espacios públicos, esa combinación es de las pocas que pueden escalar sin romper la confianza.







