Cuando pensamos en rayos, pensamos en tormentas. Pero hay otro escenario donde la electricidad se vuelve salvaje: un volcán en erupción. Y lo más raro no es ver relámpagos alrededor de una columna de ceniza. Lo raro (y lo que todavía no se entiende del todo) es que algunos volcanes parecen generar rayos internos: descargas que nacen “dentro” del propio penacho, en condiciones donde, en teoría, no debería ser tan fácil que exista electricidad sostenida.
Este fenómeno se conoce como volcanic lightning (rayos volcánicos) y no es nuevo. Lo que sí es nuevo es la capacidad de medirlo con sensores modernos, satélites y redes globales, y descubrir que, en ciertos casos, los rayos alcanzan niveles de intensidad y patrones que siguen siendo un rompecabezas.
Rayos volcánicos: lo que se sabe con bastante seguridad
La explicación básica es sorprendentemente “simple”: partículas chocando. Un penacho volcánico está lleno de ceniza, fragmentos, gotitas, cristales de hielo y gases. Cuando todo eso colisiona, se separan cargas eléctricas. Si la separación es suficiente, el sistema descarga: aparece el rayo.
Hasta ahí, bien. El lío empieza cuando vemos erupciones donde los rayos no son anecdóticos, sino masivos, organizados en patrones, y capaces de producir tasas récord. El ejemplo más salvaje en tiempos recientes fue el del volcán submarino Hunga (Tonga), cuyo penacho generó las tasas de rayos más intensas registradas, según divulgación científica de ScienceDaily.
Lo realmente raro: anillos, “zonas” y actividad eléctrica que parece estructurada
Un punto que ha desconcertado a muchos equipos es que no siempre es un caos eléctrico. En algunas erupciones aparecen estructuras (por ejemplo, anillos de actividad). Esto ha llevado a estudiar la dinámica interna del penacho como si fuera un sistema turbulento que “organiza” dónde se acumula carga.
Un trabajo en Communications Earth & Environment (Nature Portfolio) describe cómo la turbulencia y el agrupamiento de partículas pueden explicar ciertas estructuras de descargas en columnas volcánicas. La idea clave es que la electricidad no se reparte homogéneamente: hay zonas donde se concentra por pura física del flujo.
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Por qué se habla de rayos internos
En términos divulgativos, “rayos internos” se usa para describir descargas que parecen originarse en el corazón del penacho, no tanto en la periferia donde interactúa con la atmósfera “normal”. Y eso importa porque sugiere que el penacho volcánico, por sí solo, puede comportarse como una fábrica de electricidad con reglas propias.
¿Qué es lo que no se entiende al 100%? Principalmente: cuándo exactamente el penacho pasa de “chispas” locales a un sistema eléctrico sostenido; qué papel juegan el agua (si la erupción es submarina), la altura extrema del penacho y la microfísica de hielo y ceniza; y cómo predecir el fenómeno en tiempo real para monitorizar riesgos.
Por qué esto no es solo “curiosidad”: el valor para vigilar erupciones
Los rayos volcánicos pueden ser una herramienta de monitorización. Cuando una erupción está parcialmente oculta por nubes o por la propia ceniza, detectar actividad eléctrica desde satélite o redes de radio puede ofrecer pistas sobre la intensidad, las fases de la erupción o cambios repentinos. En el caso de Tonga, se usaron varias fuentes de datos para reconstruir etapas del evento.
Y aquí encaja algo muy TecnoOrbita: la idea de que señales invisibles (radio, patrones, datos) pueden contarte lo que el ojo no ve. Si te interesa este enfoque de “detectar lo que pasa por debajo”, enlaza con la app invisible del móvil que roba datos en segundo plano. Es distinto, pero el concepto es el mismo: lo importante no siempre está a simple vista.
El fenómeno también se puede recrear en laboratorio
Una de las cosas más llamativas es que la ciencia ha intentado reproducir rayos volcánicos en condiciones controladas. En divulgación clásica, National Geographic mostró cómo se han creado “volcanes de laboratorio” para entender cómo la ceniza puede cargarse y descargarse eléctricamente. Esto ayuda a separar hipótesis: ¿es la ceniza? ¿es el hielo? ¿es el agua? ¿es la turbulencia? Probablemente es una mezcla, pero medirlo importa.
El volcán también hace “meteorología”, pero con reglas propias
Un volcán en erupción puede crear su propio microclima, su propia dinámica y, en casos extremos, su propia red eléctrica interna. Aún hay piezas que no encajan, pero cada sensor nuevo y cada simulación empujan el conocimiento hacia algo más útil: entender mejor el riesgo y anticipar comportamientos extremos.
Y si quieres una lectura paralela de cómo el cerebro se deja engañar por señales visuales “imposibles”, enlaza con la ilusión óptica del movimiento en imágenes fijas, porque muchas veces lo que parece magia es física… hasta que lo entiendes.







