una pila de fotos que dejan huella en internet

Los bebés que llegan al cole con miles de fotos en Internet y la huella digital que arrastran sin decidirlo

Subimos la primera eco, la pulsera del hospital, la foto con el primer body, el primer puré, el primer día de guardería. Sin darnos cuenta, muchos niños llegan al cole con miles de fotos y vídeos repartidos por redes, grupos de WhatsApp y nubes varias. Esa acumulación no es solo ternura digital: es una huella permanente que se queda ahí aunque ellos todavía no sepan ni leer.

Organismos como UNICEF o la AEPD llevan años avisando de lo mismo: cada foto geolocalizada, cada vídeo etiquetado y cada anécdota pública suma capas a una huella digital que ese menor no ha podido escoger.

Qué es la huella digital de un niño (y por qué empieza antes de nacer)

Cuando hablamos de huella digital, pensamos en historiales de búsquedas o compras online, pero en el caso de los menores empieza mucho antes. Hay bebés que ya tienen:

  • Fotos de ecografías publicadas en abierto.
  • Sus datos de nacimiento en posts de Facebook o Instagram.
  • Imágenes etiquetadas con nombre y apellido.
  • Historias familiares en hilos de X, TikTok o blogs.

En TecnoOrbita ya hemos visto cómo un estudio calcula cuántos años reales de tu vida se van mirando pantallas. Ahora, el giro es otro: qué pasa cuando tu vida digital empieza antes de que tengas edad para encender tu propio móvil.

El problema no es una foto suelta, sino el conjunto: una huella enorme que combina imagen, contexto, ubicación y relaciones familiares. Algo que mañana puede ser rastreable por empresas, algoritmos de reconocimiento facial o cualquiera que haga búsquedas mínimamente avanzadas.

Quién ve realmente esas fotos (no solo la familia)

Muchos padres piensan que sus publicaciones son “privadas” porque solo las ven amigos y familiares. Pero la realidad es más confusa:

  • Las fotos viajan por capturas de pantalla reenviadas en grupos.
  • Los cambios de políticas de una plataforma pueden hacer más visibles contenidos antiguos.
  • Algunas apps reutilizan imágenes para entrenar algoritmos si no desactivas esa opción.

una pila de fotos que dejan huella en internet

La propia Junta Europea de Protección de Datos ha remarcado que la información de menores merece un nivel especial de protección. Pero al final, el primer filtro somos los adultos que deciden qué parte de la vida de los hijos se convierte en contenido.

En artículos como la aplicación invisible del móvil que roba datos sin que te des cuenta ya explicábamos hasta qué punto los datos viajan más de lo que imaginamos. Con las fotos familiares, esa lógica se multiplica: metadatos de ubicación, caras reconocibles y patrones de rutinas que se pueden inferir a partir de la huella visual.

Riesgos reales: del reconocimiento facial al “yo digital” adelantado

Los riesgos no son ciencia ficción, sino extrapolación de lo que ya está pasando con adultos:

  • Reconocimiento facial: bancos de datos que entrenan sistemas capaces de identificar a una persona en diferentes contextos a partir de fotos abiertas.
  • Perfiles de consumo futuros: empresas que usan información familiar para inferir nivel socioeconómico, aficiones o posibles productos de interés.
  • Uso indebido de imágenes: desde robos de fotos para perfiles falsos hasta manipulaciones tipo deepfake, como ya vemos en fenómenos que analizamos en TecnoOrbita en la IA que inventa caras de personas que no existen.

Expertos en privacidad infantil citados por medios como BBC han llegado a estimar que algunos menores habrán acumulado miles de imágenes públicas antes de cumplir los 5 años. Esa huella no desaparece fácilmente, aunque de adultos pidan borrar parte de ella.

Qué dice la ley sobre publicar fotos de menores

En España, la imagen de un menor es un dato especialmente protegido. La AEPD ha publicado guías específicas para familias, recordando que, aunque los padres puedan dar consentimiento, debe primar siempre el interés del niño, no el número de “me gusta”.

Algunos puntos clave:

  • Evitar fotos que permitan identificar fácilmente colegio, rutinas o lugares que frecuenta.
  • No publicar imágenes que puedan humillar o generar burla en el futuro.
  • Cuidar dónde se suben las fotos y con qué ajustes de privacidad.

De nuevo, la teoría es clara, pero en la práctica hay miles de perfiles públicos donde la huella digital de los menores crece sin filtro.

Cómo reducir la huella digital de tus hijos sin desaparecer de internet

No hace falta borrar todo rastro para hacerlo mejor. Algunas estrategias razonables:

  • Enseñar menos cara y más contexto: fotos de espaldas, planos generales, manos, juegos… sin convertir cada gesto en un primer plano identificable.
  • Quitar geolocalización de las fotos y evitar mostrar siempre los mismos lugares clave.
  • Limpiar publicaciones antiguas y revisar álbumes abiertos al público.
  • Preguntar cuando crezcan: a partir de cierta edad, dejar que el menor opine sobre qué fotos se suben.

En TecnoOrbita, cuando hablamos de cuántos años de vida se van mirando pantallas, insistíamos en la importancia de hacer más conscientes nuestros hábitos digitales. Con la huella de los niños, el reto es doble: decidir por ellos ahora sin condicionar demasiado lo que quieran hacer con su identidad cuando sean mayores.

La pregunta incómoda que conviene hacerse antes de publicar

Antes de subir la próxima foto, quizá baste con una pequeña pausa: si ese niño o niña pudiera opinar con 18 años, ¿estaría cómodo con esa imagen circulando desde hace tanto tiempo? Si la respuesta es que no lo tienes claro, probablemente la huella digital de tu hijo ya te está pidiendo más cuidado del que parece.

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