Qué puede deducir una app solo con tus toques
Investigaciones recientes han demostrado que, analizando el uso de apps en el tiempo (qué usas, cuándo y durante cuánto), se pueden inferir rasgos de personalidad, hábitos de sueño, nivel de estrés o incluso indicadores de salud mental.
Otros trabajos se centran en el propio gesto: la manera en que pulsas la pantalla, la presión, la cadencia, los tiempos entre toques. Esos patrones pueden servir tanto para autenticarte como para alimentar perfiles de comportamiento que permiten distinguirte de otros usuarios incluso sin usar tu nombre.
En TecnoOrbita ya contamos algo parecido al hablar de la aplicación invisible que roba datos en segundo plano: muchas veces, lo que se recopila no son solo tus acciones directas, sino el contexto que las rodea.
De los datos brutos a los perfiles completos
Una app por sí sola puede parecer inocente, pero cuando se combinan datos de varias fuentes (apps de tiempo libre, productividad, banca, redes sociales) el mosaico se vuelve muy nítido. Los sistemas de análisis masivo convierten tus gestos en perfiles detallados: a qué hora sueles estar más activo, si trabajas a turnos, si sales de fiesta, si viajas mucho, si compras por impulso.
Empresas de analítica y publicidad utilizan estos perfiles para segmentar campañas con una precisión asombrosa: no es solo “personas de 25 a 34 años en tal ciudad”, sino “usuarios que abren apps de comida a domicilio después de las 23 h, tienen juegos instalados y usan redes sociales más de tres horas al día”.
En TecnoOrbita hemos visto el reverso de esto cuando analizamos cómo algunos trucos de compra juegan con tus hábitos, como explicábamos en el artículo sobre el error más común al comprar en Amazon. Aquí el juego va más allá de la web: se extiende a todo el ecosistema de tu móvil.
Apps “gratis” que cobran en datos
El modelo es conocido: si no pagas con dinero, pagas con datos. Lo que se ha ido afinando con los años es el nivel de detalle de esos datos. Muchas apps gratuitas integran SDK de terceros que recolectan información no solo para la propia app, sino para redes publicitarias que construyen perfiles transversales.
Regulaciones como el RGPD en Europa intentan poner coto a estos usos, exigiendo transparencia y consentimiento explícito. Pero en la práctica, muchos usuarios aceptan términos largos e incomprensibles solo para poder usar la app. Y dentro de esos textos se esconden cláusulas que permiten compartir datos con “socios” y “proveedores” de lo más variado.

El papel de los toques, los tiempos y los errores
No es lo mismo un usuario que navega de forma calma, leyendo cada pantalla, que alguien que va a toda velocidad tocando aquí y allá, volviendo atrás a menudo o cerrando la app de golpe. Ese tipo de detalles, que parecen irrelevantes, terminan formando parte de tus perfiles de uso.
Hay investigaciones que exploran incluso el uso de estos patrones de interacción como señal temprana de problemas de adicción al móvil o de cambios de estado de ánimo. Los mismos datos que se usan para optimizar interfaces se pueden reutilizar para evaluar tu salud digital… o para explotarla al máximo.
Qué puedes hacer tú para recuperar algo de control
No se trata de vivir sin apps ni sin servicios gratuitos, pero sí de ser consciente de cómo se construyen esos perfiles y de poner algunos límites razonables:
- Revisar los permisos de cada app y revocar los que no estén justificados.
- Usar el inicio de sesión con Apple o con cuentas específicas para reducir el rastreo cruzado.
- Limitar las notificaciones para evitar que la app “entrene” tu comportamiento a base de estímulos constantes.
- Eliminar periódicamente apps que ya no uses, pero que siguen recopilando datos en segundo plano.
En TecnoOrbita hemos dado pasos concretos en esta dirección en guías como cómo configurar las notificaciones para no ser esclavo del móvil o en artículos sobre apps invisibles que consumen datos sin que lo veas.
No se trata solo de privacidad, también de poder
En último término, los perfiles que generan las apps no solo sirven para enseñarte anuncios más ajustados. También se pueden utilizar para decidir qué noticias ves, qué ofertas recibes, qué productos te muestran primero o incluso cómo se te valora como cliente.
Cuanta más información sensible y detallada se concentra en manos de unas pocas empresas, más desequilibrio hay entre lo que ellas saben de ti y lo que tú sabes de ellas. Por eso entender cómo se construyen estos perfiles es el primer paso para decidir hasta qué punto quieres seguir jugando el juego… y con qué reglas.







