fracasos tecnológicos

Los 5 dispositivos tecnológicos de grandes marcas que fracasaron estrepitosamente

Tendemos a creer que las gigantescas empresas de Silicon Valley tienen una varita mágica para convertir en oro absolutamente todo lo que tocan, pero la historia de la tecnología está plagada de desastres millonarios. A veces, tener a tu disposición el mejor equipo de ingenieros del mundo y un presupuesto infinito en marketing no te salva de lanzar un producto que el consumidor no necesita o, directamente, odia.

Cuando una multinacional se equivoca, el tropiezo resuena en todo el planeta y las pérdidas se cuentan por cientos de millones. Hablamos de proyectos que estaban demasiado adelantados a su tiempo, dispositivos lanzados con fallos de seguridad imperdonables o, en muchos casos, simples caprichos corporativos de un CEO que acabaron enterrados en los cajones del olvido.

El mercado tecnológico es implacable y no perdona a nadie. No importa cuánto dinero inviertas en publicidad; si un dispositivo no resuelve un problema real, es excesivamente caro o genera rechazo social, los usuarios le darán la espalda en cuestión de semanas.

En esta lista negra tecnológica vas a descubrir:

  • El teléfono inteligente que le costó a Amazon una fortuna.
  • Las gafas del futuro de Google que aterrorizaron a la sociedad.
  • El explosivo fallo de diseño de la marca Samsung en los aviones.
  • El teclado de Apple que se rompía con una mota de polvo.
  • El reproductor de música de Microsoft que quiso matar al iPod.

El estrepitoso batacazo del Fire Phone de Amazon

Amazon Fire Phone

Corría el año 2014, Amazon dominaba con mano de hierro el comercio online y Jeff Bezos decidió que era el momento exacto para conquistar el bolsillo de los usuarios. Lanzaron al mercado el Fire Phone, un teléfono que destacaba como gran novedad por tener cuatro cámaras frontales dedicadas exclusivamente a crear un efecto 3D en la pantalla. ¿El problema real? Era un ecosistema completamente cerrado, carecía de las aplicaciones nativas de Google (ni YouTube, ni Maps) y su única función útil y rápida era escanear productos físicos para comprarlos directamente en Amazon.

El público no fue tonto y vio que estaba pagando a precio de gama alta por un catálogo de compras portátil. El dispositivo fue un fracaso de ventas histórico, obligando a la compañía a asumir pérdidas de más de 170 millones de dólares y a centrarse en dispositivos del hogar. Un destino casi tan trágico como el de los fabricantes de hardware que no saben adaptarse, recordando a cómo la marca iRobot y su famosa Roomba se asomaron al borde de la bancarrota recientemente.

Google Glass: un futuro demasiado invasivo y caro

Google Glass

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Las Google Glass parecían pura magia de ciencia ficción cuando se presentaron en 2013. Eran unas gafas ligeras que proyectaban información, mapas y notificaciones directamente en tu retina mediante un pequeño prisma. Sin embargo, la sociedad no estaba en absoluto preparada para ellas. La gente se sentía muy incómoda al ser grabada constantemente en la calle, en el metro o en los bares por un dispositivo espía disimulado en la cara de un desconocido.

A los usuarios de estas gafas se les empezó a llamar despectivamente «Glassholes». Si hoy en día nos escandalizamos con la recopilación de datos y hacemos un experimento de privacidad con 100 móviles para ver quién nos escucha en secreto, imagina el rechazo social masivo que generó llevar una cámara apuntando a la cara de todos hace más de diez años. Sumado a su precio de 1.500 dólares, Google tuvo que retirar el producto humillantemente del mercado de consumo general.

Samsung Galaxy Note 7: el móvil que prohibieron en los aviones

Samsung Galaxy Note 7 Fan Edition: características, precio y toda la  información

Este no fue un problema de concepto o de marketing, sino un desastre absoluto de ingeniería física y control de calidad. En 2016, Samsung quiso adelantarse al lanzamiento del iPhone de Apple y apresuró la salida del que iba a ser el mejor teléfono de aquel año. A las pocas semanas de salir a la venta, las baterías empezaron a incendiarse espontáneamente e incluso a explotar en bolsillos, coches y mesitas de noche.

El daño a la imagen de la marca surcoreana fue incalculable a nivel mundial. Las autoridades de aviación prohibieron subir con este modelo concreto a cualquier vuelo comercial por riesgo real de incendio en cabina. Samsung tuvo que pedir la devolución global de cada unidad vendida y paralizar la producción. Fue el ejemplo perfecto de que forzar la innovación química por encima de la seguridad térmica siempre sale muy caro, un tema muy actual cuando analizamos el riesgo de degradación de las baterías por la carga ultrarrápida en los smartphones de hoy en día.

Apple y el desastre del teclado mariposa

The saga of Apple's bad butterfly MacBook keyboards is finally over | The  Verge

Ni siquiera la todopoderosa empresa de la manzana mordida es perfecta, y este es su mayor punto negro de la última década. En su obsesión enfermiza por diseñar ordenadores portátiles cada vez más y más finos, Apple rediseñó desde cero el mecanismo de las teclas de sus carísimos MacBook, creando el llamado «teclado de mariposa» (butterfly keyboard).

El resultado fue un calvario absoluto y frustrante para millones de usuarios profesionales. El recorrido de la tecla era tan corto que bastaba una simple y microscópica mota de polvo o una miguita de pan para que la tecla dejara de funcionar por completo, pulsara dos veces seguidas o se atascara para siempre. Repararlo costaba cientos de euros porque obligaba a cambiar toda la carcasa superior. Apple tardó años y varias demandas colectivas en admitir el error de diseño, hasta que finalmente abandonaron este mecanismo de forma silenciosa para volver al sistema tradicional de tijera.

Microsoft Zune: persiguiendo una sombra en la música

Microsoft deja de fabricar su reproductor Zune

Cuando el iPod de Apple ya dominaba el mundo de la música digital y se había convertido en un icono cultural, Microsoft intentó subirse desesperadamente al tren en el año 2006 lanzando su propio reproductor: el Zune. Aunque el dispositivo tenía características muy innovadoras para la época (como la capacidad de compartir canciones de forma inalámbrica con otros usuarios cercanos que también tuvieran un Zune), llegó cinco años tarde a una fiesta que ya había terminado y coronado a un rey.

La campaña de marketing falló estrepitosamente, el diseño era tosco (el modelo marrón fue muy criticado) y los usuarios ya estaban completamente anclados en la tienda de iTunes, donde tenían comprada toda su biblioteca musical. Hoy en día, la forma de consumir audio ha cambiado por completo y nos preocupa más cómo el algoritmo de Spotify decide lo que escuchamos, pero el Zune quedó como la prueba viviente de que en tecnología no basta con copiar a la competencia, hay que saber cuándo golpear primero y crear la necesidad.

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